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Consideraciones acerca de la bancota

Estoy absolutamente segura de que si tuviera carro, lo tendría todo estrellado: no por no saber manejar, o por torpeza, sino por física falta de decoro ("ay, de malas, que piensen lo que quieran"), y por afán. Manejaría a toda velocidad a toda hora, parquearía de cualquier manera, derraparía, y pondría en peligro la existencia de todo bolardo, caneca, poste, paradero de bus u objeto inanimado similar que llevara una desafiante existencia en el andén, cerquita de mis ruedas y mi desesperación y miedo.

Nunca, jamás, voy a manejar carro ajeno. Conduje un submarino en inmersión durante media hora cuando tenía catorce años, con toda la tripulación a bordo, pero en el mar no hay bolardos. No sé si sería capaz de recibir las llaves del carro de alguien más, y de procesar en la cabeza todas las variables para poder manejar sin que ocurriera un raspón en la pintura, un hundido, un accidentalmente dejar estampada contra la pared del parqueadero una bicicleta.

Los estrellones de mi carro se quedarían ahí como insignias de que calibré, de que aprendí, de una forma u otra, no sólo a navegar el espacio físico con una prolongación a cuatro ruedas de mi propia entidad, sino a aprender a qué ponerle cuidado en el tablero lleno de lucecitas rojas que es mi cerebro.

Y andaría a pie lo más que pudiera, como hago ahora.
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Consideraciones acerca de la costra de Schrödinger.

Si nunca te tocas la costra, ¿cómo sabes que la tienes? Si no sabes que la tienes, no te la puedes arrancar. Te dejas la costra ahí hasta que un día, distraídamente, pasas la yema de los dedos por ese pedacito de piel, y es como una hojita a la que se le olvidó caer en otoño. Y para ese momento has leído otros libros, tienes unos zapatos de un color que no se te había ocurrido usar, no te hiciste nada en el pelo y no luchas contra arrancarte la costra, porque no está en tu cabeza. Puede que esté en tu piel, pero nada más.

Encontré esto.

I have left this situation equally thin-skinned but less interested in being touched.

  • Suena: Kawehi - Come see about me [The Supremes cover}
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Consideraciones acerca del monóculo de lente oscuro con collarín de croché

Me molestan muchísimas cosas de un tiempo para acá.

Me molestan muchas cosas siempre, realmente, en ese estricto sentido de querer exactamente lo que quiero y rarísima vez obtenerlo, pero suelo estar conforme con que las cosas se hagan según lo que es suficiente para complacer a alguien más. Generalmente estoy tan cansada que me dejo llevar y ya, y entonces a pesar de mis buenas intenciones, mis eructos no dejan de tener ese bouquet de "igual no me iba a sentir complacida" que hace que me dejen mis novios (o que no sean particularmente infelices cuando los dejo yo) y que explica que mis amigos sean felices viéndome con muy poca frecuencia, o algo así.

No, bueno, ya: NO ME GUSTA NADA. NUNCA. Y a veces estoy más o menos bien con eso, pero hoy no, y esta semana no, y en estos días he tirado mil cosas por la borda porque no me satisfacen y no las quiero conmigo. Esta semana he dicho "no quiero", "no me gusta", "porque sí", "porque no", "no te estoy hablando a ti", "NO", y he cambiado de opinión (y de rumbo, y de planes) en el momento que he querido, sin decirle una palabra a nadie, sin temor a no complacer... y, carajo, he sido tan feliz en medio de definitivamente no ser feliz. Estoy como tan llena de mí misma y de lo que me da la gana, de mis bobadas, de mis aventuras conmigo misma, de mis microficciones y microrelatos sin compartir, que me voy a volver a engordar.

(Me gustan las diferencias, los desaciertos, las imperfecciones; me llena de gratitud y serenidad sentir que me ofrecen las cosas que me ofrecen, en su chuequez y su humanidad, y que no me hacen daño y no me cambian. Pero, por lo que sea, llegué a un punto en el que lo que veo no es imperfección, sino mediocridad y falta de generosidad, y falta de sinceridad. Como que nadie ama lo que hace, y nadie lo hace bien, y a nadie le importa, y eso me vuelve loca.)

Tenía cosas felices para contar, pero ya no. (Llevo toda la semana cambiando de humor.)
  • Me siento como: aggravated aggravated
  • Suena: Ladies' Code - Pretty, pretty
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Consideraciones acerca del CRM via paloma mensajera

Iba corriendo, en todo posible sentido, con miedo a que si me detenía me iba a dar cuenta de que me dolía el costado y se me habían reventado las ampollas, y que no iba a poder avanzar más. Necesitaba poner distancia entre mi cabeza y TODO lo que había pasado el año pasado, y por no mirar, con sudor en los ojos y en la oscuridad, tropezando y levantándome tercamente a seguir corriendo porque sí, no me di cuenta de que estaba llegando (rapidísimo, además) a un lugar más dañino, más peligroso, más... peor.

No me acordaba de que se podía estar peor que no-bien; no me acordaba de que "mal" no es un binario, sino una escala, y no quise hacer un alto en el camino, sacar la pantonera, y mirar de qué color estaban las cosas a mi alrededor y si podía soportarlas mientras tomaba mejores decisiones.

No quería parar pero pasó. A la fuerza.Collapse )

En otras noticias, me compré una KitchenAid, y lo anuncié así.

Llevaba un tiempo acariciándome la barba con la idea de comprar una máquina de coser (traducción: pagué un montón para que "arreglaran" mis soshipants de colorcitos y me los dejaron como mom jeans), entonces, como con todo lo que me parece medianamente tentador y que implica esfuerzo, puse un post-it chiquito para recordarme seguir teniéndole miedo a eso indefinidamente.

Se me iban los meses, las semanas, en newsletters de ModCloth y pines sugeridos por Pinterest de proyectos sensatos, y estaba contemplando la posibilidad de verme bien en algo hecho por mí misma *sin* necesidad de treparme a unos tacones (que hacen la diferencia entre "soy una gorda" y "soy muy chic")... cuando vi el "descuento especial" en Kitchen Aid esta semana, y me boté de cabeza.

La seguridad ontológica de saberse un ser de postrecitos horneados.

También me tomo fotos en las que me veo mejor que en persona, eso también me da seguridad ontológica.Collapse )
FIN.
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Consideraciones acerca del frío mentolado, que viene de adentro.

No sólo no hay tiempo para todo: no hay tiempo para nada. Para LA nada, quiero decir: no hay tiempo para hacer tiempo para hacer nada. El propósito de organizarse, de los pomodoros, del multitasking y los kitchen hacks para pelar 15 manzanas con una cuchara y una caja de tictacs no es otra cosa que ocupar el mayor tiempo posible tachando la mayor cantidad posible de tareas bobas de una lista, real o imaginaria, escrita a dieciocho manos entre uno mismo y la opinión de todo aquel que parece más feliz, más eficiente, como viviendo una vida más viva porque hace más pendejadas que uno y uno no entiende ni a qué horas duermen. O bueno, "uno" yo, que me llevo el celular al baño y ni así la logro.

Toda mi vida ha sido un robarle horas a mi ocio divino, infinito, reparador, creador, para hacer otras cosas, la mayoría jartísimas, y siento la necesidad constante de inducirme un coma o simplemente morirme, a ver si de repente recupero la inspiración y las ganas genuinas de solucionar problemas, producir, trabajar, trabajar y trabajar.

Muy pocos tienen el privilegio de hacer algo de verdad con su vida, de ocuparla con tareas que impactan una esfera más grande que su círculo inmediato. Todo el mundo no puede curar el cáncer ni ser Lady Gaga.

Todo el mundo debería poder ser estos señores, eso sí.

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  • Me siento como: crappy crappy
  • Suena: The Hush Sound - Wine red
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Consideraciones acerca de la resignificación, o la condonera en croché (y olé!)

"No es que nuestros adolescentes sean adictos a las redes sociales: es que son adictos los unos a los otros, y no tienen los espacios para interactuar [que nosotros teníamos]." Eso lo leí en un artículo buenísimo (tan buenísimo que esa línea eclipsó para siempre autor, título y fuente) sobre cómo los Millennials no son necesariamente la generación más estúpida en jamás pisar la Tierra, incluso aunque #TheDress pudiera sugerir lo contrario. (En defensa de lo que alcanza a ser mi generación por un coletazo, supongo: TODO EL MUNDO tuvo algo que ver con esa idiotez, no sólo los adolescentes.)

La última vez que escribí en este blog fue porque Tumblr estaba caído; antes de eso, porque tenía unas hojas de papel dando vueltas desde hacía como cuatro años, y ya quería botarlas, pero necesitaba consignar en algún lado su contenido, posiblemente para acabar de convencerme de que no valía la pena haberlas guardado por el contenido en sí, pero definitivamente sí por tener ese led pequeñito parpadeando en mi cabeza, diciéndome que podía ocurrir algo asombroso el día que decidiera pararle bolas. Pero bueno, hay que vivir por esas microesperanzas.

Vivo sola en un apartamento feo, pero bonito, y me siento como en Fontibón otra vez. Esto es algo bueno. Entre el 2006 y el 2009 viví sola en 58 metros cuadrado llenos de las cosas que ocupaban los 140 metros cuadrados de cuando vivía con mi familia, y que fue más fácil encomendarme a mí, semienterrada entre cajas de periódicos, libros de cuando mi papá se afeitaba una vez a la semana, muebles feos (tiene más sentido del gusto un diente que mis papás, farancamanta) y álbumes de fotos que no miré una sola vez, que hacer el ejercicio sincero de purgar, purgar, purgar.

En la única visita que hizo mi mamá (antes de regresar brevemente a vivir conmigo, a ayudarme a acabar el último año de universidad), ella fue feliz metiendo las manos hasta el fondo en las cajas, como un niño buscando almejitas vivas en la playa, y yo ya había entendido que ella tenía también su led pequeñito parpadeando en la cabeza, prometiéndole algo asombroso.

El que lo hereda no lo hurta.

El caso es que hoy, movida por el espíritu indomable de POR NINGÚN MOTIVO TRABAJAR DESDE MI CASA en una cosa que es para mañana y tengo -1 de ganas de entregar (y que por su naturaleza no-urgente, me urge despachar así sea mal), me puse a purgar, purgar, purgar... en la forma de sacar la basura, sencillamente. Boté la sección de Sociales del Universal del 2 de octubre, que guardaba porque me la regaló mi papá (aparezco, junto con el bien y el mal, en una foto buenísima que recorté y guardé) y porque en medio de tantas cosas que me sobran, francamente, no tengo muchas cosas que me lo recuerden a él.

[#FIN]
  • Me siento como: awake
  • Suena: Gus Gus - Live on KEXP (Full performance) http://youtu.be/e96lbFiG_k8
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Consideraciones acerca de la acupuntura ocular para mermar la pirobez.

Tengo más cosas qué decir sobre esto que escribí anoche. Y lo escribí muy feo, entonces lo vuelvo a escribir.

Hace unos días, muy cansada camino a mi casa, quedé ubicada en Transmilenio frente a un tipo que no me quitaba los ojos de encima. No había para dónde esquivar la mirada, ni me iba a ir para otro lado estando ya colgada precariamente de un tubo que compartía con varios pares de manos, estando a pocos minutos de mi estación, y estando agotada.Entonces elegí alternar entre mirarlo con asco y mirar a otro lado mientras uno de los dos se bajaba en su estación.

(¿Juzgo muy duro a un pobre hombre que no estaba haciendo sino lo que ha hecho toda su vida?

Hace unos días, con el hashtag #lifeofamuslimfeminist (que denuncia el neocolonialismo de Femen, entre otras cosas), y porque sigo varios blogs de POC en Tumblr, me puse a leer sobre el Hijab. En el Islam, el Hijab (que oculta el cabello y el cuello) obliga a los hombres a bajar la mirada ante ti, a no mirarte con lascivia, a respetarte.

this is what I mean.

Yo pensaba: ¿es necesario, es CORRECTO empezar a usar Hijab (que me parece hermoso) por motivos no religiosos, para que los hombres ENTIENDAN cuando una mujer NO quiere sus miradas? ¿Para que puedan descifrar qué es coqueteo y qué es acoso, qué es admirar a una mujer y qué es reducirla a su cuerpo? Ojalá entendieran que SABEMOS LO QUE ESTÁN PENSANDO cuando sus miradas no invitadas se rehúsan a abandonar nuestro escote, nuestras piernas, nuestros rostros, especialmente luego de nosotras devolverles el favor con un rictus de odio y repugnancia. Sabemos lo que están pensando y NO ES HALAGADOR: ES TERRORÍFICO.

¿Qué tengo que hacer para que dejen de mirarme, quedarme en la casa?

* * * * *

Hoy, esperando Transmilenio para llegar a mi casa, se me paró a dos metros un hombre de la edad de mi abuelo que no me quitaba la vista de encima. Yo me alejaba de él y le daba la espalda, pero lo pillaba mirándome con obstinación y con una sonrisa esbozada en la comisura de los labios, y esto duró por lo menos media hora. No me gustó ni cinco. Yo llevaba un chal y, mitad por frío, mitad por probar, me tapé el pelo y parte del rostro como si fuera una Hijab. Me sentí automáticamente más tranquila, más pensando que ya había hecho todo lo que podía hacer para "aclararle" al sujeto las cosas: me abotoné la chaqueta hasta arriba, escondí mi pelo, mi cara de furia se convirtió en desinterés.

No funcionó: el tipo se subió al  detrás mío, PEGADO A MÍ a pesar de que había mucho espacio en el bus, y cuando huí hacia la parte de atrás con un bufido, el tipo se rió. Se rió y me siguió mirando así el resto del trayecto, buscándome y moviendo el cuello si yo me le escondía detrás de otro pasajero. Un cazador que no le quita el ojo de encima a la presa. Un hombre acostumbrado a eso, a incomodar a mujeres por diversión, a un entorno distraído (o permisivo) que no censura sus actos, y posiblemente al cinismo que debe venir con la disfunción eréctil y el estreñimiento.

Nadie notó nada, como siempre. Sólo notaron la pistola en alto y la mirada de odio calcinante que le dediqué al sujeto cuando me bajé del bus, y no oyeron los insultos con los que habría querido corresponder a su atención invasiva, desagradable, indeseada, porque había niños en el bus y lo que iban a ver era una loca con una burka gritándole hijueputazos a un señor que sólo la estaba mirando, y que le mandaba besos mientras ella contemplaba correr detrás del bus y romperle la ventana.

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Así se sienten sus miradas, aún si son jóvenes, aún si son bien parecidos. Disciplinen sus ojos. Si aman y respetan a las mujeres, tengan pudor. Bajen la mirada.

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Consideraciones acerca del la coca cola de brevas, la compota de pepinillos y el Internet2

En el Internet2 (que es como el MTV2 de internet) pasa lo que dice Link, que uno puede hacer reverse search de significados de palabras ingresando la descripción, y esto arroja la palabra que signifique (o se aproxime) a eso que uno busca representar. Habría que ver si existe palabra para lo que uno quiere en el idioma que a uno le interese... y si no hay, podría sugerirse una palabra en otro idioma, o crear palabras artificiales pero lingüísticamente viables.

(Finalmente eso es lo que hacen las marcas: una marca es un sustantivo artificial que se nutre de significado con el uso.)

El nuevo album de Sia está genial y lo pueden escuchar acá. Dressed in Black es especialmente buena.

Updates, a primero de julio de 2014:Collapse )

Bonus rinoceronte bebé dando paseíto:

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  • Me siento como: groggy groggy
  • Suena: Sia - Dressed in black